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BY: Liatile Putsoa

Liatile Putsoa, IOM South Sudan Media and Communications Officer.

Pibor – Es temprano en la mañana y un grupo de trabajadores humanitarios se reúne en un puerto fluvial en Pibor. Pertenecen a varias agencias de las Naciones Unidas y organizaciones no gubernamentales (ONG). Pibor es la ciudad principal en la Zona Administrativa del Gran Pibor (GPAA) en Sudán del Sur.

En ocasiones se trata de un puerto fluvial, pero no en este momento. Debido a las intensas y permanentes lluvias, las calles principales de Pibor están inundadas. Lo que alguna vez fue un ajetreado mercado en el corazón de la ciudad de Pibor, ahora se encuentra sumergido bajo las aguas. Pibor es una ciudad situada en una de las áreas que más ha sufrido por las inundaciones en un país empobrecido y asolado por la violencia.

“Comencemos,” dice Richard Luguma, Oficial Nacional de Coordinación en Terreno de OCHA. “Nos espera un día muy largo”.

Los trabajadores humanitarios se dividen en cinco grupos para una misión entre agencias para la evaluación de las necesidades, y cada grupo cubre uno de los cinco lugares seleccionados —Pibor, Lekuangole, Gumuruk, Verthet y Duren.

Liatile Putsoa y William Lagu, dos funcionarios pertenecientes a la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), se han unido a un grupo que se dirige a Lekuangole, una aldea lejana al norte de Pibor.

La OIM se une a una misión de evaluación de necesidades entre agencias en Lekuangole, en el Zona Administrativa del Gran Pibor. Foto: OIM/Liatile Putsoa

Las tres horas a bordo de una embarcación rápida serpenteando a lo largo del río se pasan con rapidez – debido tal vez en gran medida a la gran belleza del paisaje aledaño y su tranquilidad. Es difícil de comprender: detrás de tantos árboles y pasto exuberante se esconde muchísimo sufrimiento, con comunidades que han perdido sus hogares, sus medios de subsistencia, y con mucha frecuencia, a miembros de la familia en su intento de luchar contra las inundaciones.

Eventualmente llegamos a Lekuangole, cuyo emplazamiento queda casi ocultado por la curva del río.

La situación aquí es crítica.

Los albergues quedaron vacíos luego de que los niveles de agua cada vez mayores obligaran a las familias a irse. Foto: OIM/Liatile Putsoa

Gran parte de la aldea se encuentra inundada. No hay instalaciones sanitarias a la vista. Los pozos de perforación están rotos. Los campos sin nada, sin cultivos, son un crudo recordatorio de que los granjeros, en lugar de plantar, estaban escapando del fuego de las armas cuando los enfrentamientos armados estallaron a principios de este año.

Las autoridades y los residentes locales por igual hablan acerca de las necesidades humanitarias que deben enfrentar, en particular las relacionadas con la provisión de alimentos, agua apta para el consumo, albergue, y servicios médicos.

“Tuvimos que correr hacia los arbustos y ocultarnos allí cuando los enfrentamientos comenzaron”, explicóKalayin Amor, residente en Lekuangole, quien no sabe muy bien cuántos años tiene. “Cuando regresamos, nuestro ganado ya no estaba, y nuestros hogares se habían desmoronado. ¡Nos habíamos quedado sin nada!”

La historia de Kalayin no es la única en la aldea.

“Todos estamos sufriendo y ni siquiera es posible esperar que nuestros vecinos compartan con nosotros sus alimentos y albergues”, dijo esta madre de cuatro hijos.

Kalayin y su familia se refugiaron en lo que alguna vez fuera una escuela local. Foto: OIM/Liatile Putsoa

Con otro niño en camino, Kalayin se procuró refugio en una escuela local, donde vive con sus hijos y su suegra anciana.

Como Kalayin y muchas otras personas que están tambaleando debido a la devastación provocada por el conflicto, sus vidas nuevamente se vieron alteradas por las lluvias que no perdonan y por las masivas y repentinas inundaciones.

Las inundaciones han cortado el acceso Lekuangole, agregando más dificultades a la provisión de ayuda humanitaria que ya de por si se encuentra bajo una gran presión.

Sin embargo, las organizaciones de asistencia – incluyendo a la OIM – siguen firmes en su intento de llevar asistencia humanitaria a Lekuangole y zonas aledañas. Como parte de esta respuesta, la OIM hizo entrega de albergues y artículos no alimentarios esenciales a sus asociados humanitarios a fin de que fueran distribuidos entre las personas más vulnerables, entre ellas Kalayin y su familia.

Kalayin Amor. Foto: OIM/Liatile Putsoa

“Recibimos frazadas, esterillas para dormir, mosquiteros y sets de cocina, que nos están siendo de gran ayuda”, dijo Kalayin.

Las familias que están reconstruyendo sus viviendas en terrenos más altos y secos han también recibido láminas de plástico que servirán para la construcción de sus albergues.

Las familias buscaron refugio en terrenos más altos, erigiendo albergues temporales. Foto: OIM/Liatile Putsoa

Mientras tanto, una evaluación realizada por los equipos de Agua, Sanidad e Higiene para Todos (WASH) descubrió que no hay letrinas en la aldea. La situación de la defecación al aire libre está descontrolada. Además, existe una urgente necesidad de reparar cinco pozos rotos a los cuales aún se tiene acceso en terrenos altos.

“Actualmente, toda la comunidad depende de un único pozo de agua que todavía funciona, ya que los otros dos se encuentran totalmente sumergidos”, explicó William Lagu, Ingeniero Adjunto del Área de Servicios WASH en la OIM. “Si este pozo llegara a averiarse, la comunidad ya no contará con acceso a agua potable apta para el consumo”.

Un pozo presta servicio a la comunidad de Lekuangole en su totalidad. Foto: OIM/Liatile Putsoa

Como parte de una respuesta rápida inicial, el equipo WASH de la OIM distribuyó pastillas para la purificación del agua a las personas más vulnerables e hizo demostraciones acerca del uso adecuado de las mismas para el proceso de tratamiento del agua en el hogar.

El informe sobre evaluación rápida inicial de necesidades descubrió que más de 95.800 personas en cinco lugares seleccionados —incluyendo casi 26.000 en Lekuangole— necesitaban recibir asistencia humanitaria urgente. Esta cifra tan sólo representa una parte de las cerca de 856.000 personas que se

Un pozo completamente sumergido. Foto: OIM/Liatile Putsoa

“Hemos visto que las personas aquí realmente deben luchar para poder sobrevivir”, dice William Lagu. “Es imperativo que, tras esta evaluación, regresemos lo más pronto posible para proveer la asistencia humanitaria que tanto se necesita”.

Las operaciones de la OIM en el ámbito de la preparación e intervención en casos de emergencia relacionados con el Saneamiento y el Agua Apta para el Consumo (WASH-EPnR) son financiadas por la Dirección General de Protección Civil y Operaciones de Ayuda Humanitaria Europeas (ECHO) de la UE, el Ministerio de Relaciones Exteriores y de la Mancomunidad de Naciones del Reino Unido (FCDO) y la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID).