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BY: Marta Sánchez Dionis and Gabriella Sanchez

Con apoyo del Departamento de Asuntos Exteriores de Suiza, el Centro de Análisis de Datos Mundiales sobre la Migración de la OIM (IOM GMDAC) está implementando un proyecto de investigación cualitativa en cuatro países diferentes con personas cuyos parientes han desaparecido a lo largo de rutas migratorias. Nuestro objetivo es comprender más cabalmente el modo en el que los familiares manejan la tragedia y la incertidumbre que viven mientras esperan activamente tener respuesta a sus interrogantes, y a la vez hacer recomendaciones sobre el modo en el que los gobiernos y otros actores pueden brindar un mejor apoyo a sus esfuerzos. España es uno de los países en donde el proyecto está siendo implementado. Este blog brinda un resumen de lo que las familias han identificado como algunos de los principales impactos que ha provocado el hecho de tener un miembro desaparecido en la familia, y los obstáculos que deben enfrentar en el proceso de búsqueda. El informe completo sobre país será publicado en el primer trimestre de 2021.

Mohammed[i] sacó de su bolsillo un pedazo de papel ajado. Con cuidado lo abrió y lo puso sobre la mesa para que lo examináramos. Una fotocopia casi ilegible de lo que parecía ser la primera página de un pasaporte mostraba la cara de un joven de cabello crespo.

Esto es todo lo que nos ha quedado de él”, murmuró Mohammed.

El hermano de Mohammed desapareció hace unos 20 años en su viaje desde Marruecos a España. Se encuentra entre las 8.600 personas que según estimaciones han desaparecido o han perdido la vida en rutas migratorias irregulares hacia España desde 1988.[ii] Años más tarde dejaron de tener novedades del joven y su familia sigue aun buscando incansablemente respuestas a sus interrogantes. Personas como Mohammed, que están intentando rastrear el viaje migratorio de sus seres queridos a España, deben enfrentar trabas legales y burocráticas a los largo del proceso de búsqueda y deben luchar contra un sistema confuso y engorroso cuando salen a buscar respuestas.

Antes del brote de COVID-19, pasábamos tiempo con las familias y los activistas comunitarios en el sur de España para documentar sus experiencias de búsqueda de sus seres queridos que habían migrado y, con su apoyo, desarrollábamos recomendaciones acerca de cómo los gobiernos y otros actores podían asistirlos más óptimamente en sus esfuerzos. También evaluábamos el marco legal y de políticas que involucraba a los migrantes desaparecidos en España a fin de contar con un mapa que incluyera los impedimentos legales, burocráticos o administrativos que las familias deben enfrentar al momento de ejercer sus derechos o para acceder a la justicia en el proceso de búsqueda de los seres queridos.

Descubrimos que la falta de un mecanismo de búsqueda accesible y claramente identificable y de una entidad u órgano centralizado dedicado a abordar los casos de los migrantes desaparecidos era un obstáculo para que las familias informaran sobre las desapariciones de sus parientes y también por ese motivo las autoridades tampoco podían ofrecer respuestas.

Las familias que no reciben noticias de sus seres queridos con frecuencia no se acercan a las autoridades porque ni siquiera saben dónde deben empezar a buscar”, nos contaron Arnaud y Elijah, dos activistas de la comunidad de migrantes de Camerún.

De acuerdo con el marco legal y de políticas sobre personas desaparecidas en España, cuando una persona desaparece, sus parientes deben, personalmente, presentar una declaración ante las autoridades encargadas de la aplicación de la ley que tengan autoridad en la jurisdicción o lugar en el cual la desaparición tuvo lugar. Para las familias de quienes han fallecido o desaparecido en las rutas migratorias de España, este procedimiento es virtualmente imposible de seguir. El proceso para obtener una visa para viajar a España para informar acerca de una desaparición está virtualmente fuera del alcance de la mayor parte de las familias debido a los requerimientos relacionados con el viaje y los costos asociados, sin mencionar las significativas barreras lingüísticas y culturales que deben enfrentar.

Muchos miembros de la familia que están viviendo en España también rechazan la idea de presentarse y denunciar la desaparición de sus seres queridos debido a su condición migratoria y a la precariedad asociada a la misma. Las familias temen que darse a conocer a las autoridades puede llevar a su detención o deportación. La familia de Ibrahim, que ha estado buscando a su sobrina Binta desde 2016, no ha presentado una denuncia por ese motivo:

“Yo ya me encontraba viviendo en España cuando ella desapareció. Mi hermano [el padre de Binta] me llamó para contármelo. […] No presentamos una queja aquí [en España], ni en Senegal. Mi hermano está indocumentado y por eso no quiso tener contacto con la policía”.

Estos obstáculos han derivado en el hecho de que las familias ahora se apoyan en canales no gubernamentales y a menudo informales para buscar a sus seres queridos desaparecidos. Por medio de estudios nos hemos enterado cómo los actores de la sociedad civil y de las comunidades locales en el sur de España se auto organizan en apoyo de las familias. Estos esfuerzos son liderados por activistas de base comunitaria que a menudo son migrantes ellos mismos, con fluidez en los idiomas de las familias y que tienen una profunda comprensión de las circunstancias que las familias y sus comunidades deben enfrentar. Los activistas participan en búsquedas, desapariciones de documentos y brindan asistencia de emergencia a las familias en sus ratos libres, sin recibir compensación económica alguna por su trabajo. Toda información es obtenida por medio de conexiones e interacciones personales, debido a la falta de un mecanismo sistematizado para que las personas puedan asegurar la información.

Amira, una defensora de origen marroquí que está ayudando a Mohamed y a Ibrahim a buscar a sus parientes desaparecidos, describió el proceso: “Cuando una familia me contacta a mí o a alguna otra persona en el grupo, comenzamos con el proceso de buscar información por medio de una red de contactos informales y no oficiales…Buscamos [a los desaparecidos] en hospitales, luego en centros de detención y en prisiones (por medio de abogados de oficio a los que se les permite ingresar a los diferentes centros), y eventualmente en la morgue (también por medio de contactos informales”.

Además de los desafíos legales e institucionales que se han descripto arriba, nuestras conversaciones con las familias y los actores de la comunidad revelaron cómo las percepciones sobre el género pueden influir en los procesos de búsqueda y crear barreras y desafíos relacionados con temas de género que pondrán a las personas en situación de desventaja. Por ejemplo las percepciones sobre las mujeres basadas en el género se traducen en que son con frecuencia excluidas del proceso de búsqueda o bien tienen acceso limitado a la información relacionada con el estado de la misma.

Ousmane, que ha estado ayudando al sobrino de su madre en la búsqueda de su hijo desaparecido nos contó lo siguiente: “Cuando voy a la aldea de mis padres en [en Guinea-Bissau], su madre siempre viene a verme. Siempre le digo que no se [nada], pero yo en realidad pienso que su hijo no está vivo. […] Ella sigue esperando, conserva aún la esperanza de encontrar a su hijo. […] Pero no le he dicho que yo creo que su hijo ha fallecido”.

Esto no solamente obstaculiza la comunicación sino que a menudo limita el proceso de toma de decisiones sobre la búsqueda a unas pocas personas – con frecuencia, parientes o miembros de la comunidad de sexo masculino – y lleva a que las perspectivas y/o necesidades de las mujeres sean descartadas. Si bien a menudo esto se hace con el objetivo de protegerlas, sus prioridades y conocimiento son con frecuencia ignorados o pasados por alto, y en última instancia se ven excluidas de decisiones que las afectan (por ejemplo, decisiones relacionadas con temas hereditarios, propiedad de tierras, etc.).

Si bien la mayor parte de los casos que identificamos involucraron a migrantes desaparecidos de sexo masculino, algunos incluyeron también a mujeres. En estos casos también observamos una tendencia a que las familias consideraran a una mujer migrante desaparecida como muerta incluso cuando su muerte no hubiera sido confirmada. Las familias a menudo explicaron o incluso justificaron las desapariciones de las mujeres migrantes como consecuencia de transgresiones sociales (por ejemplo, habiendo partido por su cuenta sin la autorización parental o habiendo abandonado a sus hijos). Algunas familias también optan por hacer referencia a sus parientes de sexo femenino como fallecidas cuando sospechan que son trabajadoras sexuales. Ibrahim, que ha estado buscando a su sobrina desde 2016, comentó lo siguiente: "[La razón por la cual no hablamos de este caso] es que su madre no quiere hablar del mismo puesto que ella sabe, siente que [su hija] desapareció porque tal vez se involucró en trabajo sexual en Libia. Su padre me llamó porque si bien ellos no habían confirmado que la joven había muerto, quería ya hacer los rituales del funeral”. Las desapariciones de los hombres no son explicadas de la misma manera.

¿Cómo se podría brindar un mejor apoyo a las familias y activistas de la comunidad en España?

La búsqueda de las personas desaparecidas y la determinación del destino que corrieron o su paradero son deberes humanitarios de los Estados con independencia de la naturaleza de los viajes en los cuales los migrantes pierden sus vidas.

Se necesitan medidas y políticas proactivas para promover las 'denuncias seguras’ de las personas en España con independencia de su condición migratoria. En otras palabras, es necesario contar con cierto nivel de protección que permita que los miembros indocumentados de las familias puedan presentar sus denuncias sin temor o aprehensión en cuanto a ser deportados. Facilitar la presentación de denuncias sobre personas desaparecidas por parte de sus parientes que no residen en España – ya sea creando o habilitando un mecanismo por medio de canales consulares que permitan que las familias presenten denuncias de manera remota (desde sus países de residencia), o ingresar a España para emprender la búsqueda contando con visas por razones humanitarias – todas opciones que pueden constituir un método efectivo para que la gente pueda acceder a información relacionada con sus seres queridos.

El apoyo a los esfuerzos de los activistas y miembros de la comunidad que brindan servicios a las familias que buscan a migrantes desaparecidos es clave para el desarrollo de la confianza en las instituciones, para fortalecer la capacidad de las comunidades y organizaciones de migrantes y para el abordaje de la discriminación y el racismo estructurales que sus familias experimentan en sus vidas cotidianas, y específicamente en el proceso de búsqueda.

Es importante que cualquier solución involucre a todos los miembros de la familia con un interés, incluyendo a mujeres y menores, que desarrollen entornos en los cuales puedan contribuir al proceso de búsqueda y recibir el apoyo emocional en formas que sean significativas para ellos, y que les permita tener conocimiento de cualquier avance y cualquier decisión relacionada con sus parientes desaparecidos. Es importante prestar atención a todo aquello que los miembros de la familia involucrados tengan para decir, respetando sus decisiones y creando caminos para una participación inclusiva.

Hasta que no se hayan dado estos pasos, las vidas de personas como Mohammed seguirán en el limbo, sin posibilidad de saber qué es lo que le ocurrió a sus seres queridos. Mohammed nos dijo que sigue buscando a su hermano: “Si [mi hermano] estuviera con vida, en la actualidad tendría casi 46 años. Simplemente quisiera saber qué fue lo que le ocurrió”.

 

 

[i] Hemos usado seudónimos para proteger la privacidad de las familias.

[ii] Esta cifra ha sido calculada usando datos de investigaciones llevadas a cabo por Causa and Andalucía Acoge que cubre el período comprendido entre 1988 y 1996 (en español), datos de la Asociación para los Derechos Humanos de Andalucía  (APDHA) que cubre el período entre 1997 y 2013 (en español) y datos del Proyecto Migrantes Desaparecidos /Missing Migrants Project de la OIM que cubre el período entre 2014 y 2020 (al 31 de octubre de 2020). Los datos combinados de estas organizaciones revelan que 8.687 personas fallecieron o desaparecieron intentando migrar a España entre el 1° de noviembre de 1988 y el 9 de diciembre de 2020.